El turismo forma parte de la vida de nuestras ciudades y es, sin duda, una magnífica oportunidad para compartir nuestro patrimonio, nuestra historia y nuestra cultura con personas llegadas de todo el mundo. Pero también implica un reto: hacer que el turismo contribuya al bienestar de la ciudad y de quienes viven en ella.
En Torre Tavira creemos que esta tarea corresponde a todas las partes implicadas en la realidad turística y nos esforzamos al máximo por aportar nuestro granito de arena como agentes activos de esa realidad. Trabajando siempre con esa máxima y por eso especialmente ahora, en plena temporada alta, cuando el número de visitantes aumenta y nuestras calles reciben a multitud de personas cada día, tenemos claro que crecer no significa hacerlo a cualquier precio. A lo largo de todo el año recibimos un importante volumen de visitantes y, precisamente por eso, apostamos por un modelo responsable y sostenible, basado en la calidad y el respeto.
Por todo ello, trabajamos con cupos máximos de visitantes y fijamos unos aforos máximos, que buscan evitar la masificación y garantizar que cada persona pueda disfrutar de la experiencia con tranquilidad y la máxima comodidad. Esta medida no solo permite ofrecer un servicio de mayor calidad, sino que también contribuye a reducir la presión que una afluencia demasiado elevada puede generar sobre el edificio y su entorno.
Creemos que conocer una ciudad también significa respetarla y entenderla. Por eso, abogamos por un turismo que permita descubrir nuestro patrimonio, nuestra cultura y nuestra idiosincracia sin perder de vista algo fundamental: esta es también la ciudad en la que viven, trabajan y desarrollan su día a día miles de personas.
Pero, cómo comentábamos anteriormente, el turismo responsable no es solo una tarea pendiente de los visitantes de un lugar determinado, sino también de los agentes locales que componen la oferta turística y de ocio de ese lugar, de ahí a que las medidas comentadas en este post sean de una extrema importancia para nosotros.
Poner en valor nuestro patrimonio y cuidar de nuestra ciudad pueden —y deben— ir siempre de la mano. Con esa determinación trabajamos cada día, teniendo muy claro que una cosa sin la otra no sería posible.


